“Carpe diem” es una
expresión latina que significa “aprovecha el momento”, no lo malgastes. Que no
es lo mismo que decir, como algunos pretenden, que hagas en cada momento lo que
te venga en gana. Su adopción tuvo sus propias peculiaridades según los valores
de cada época. En la Edad Media y en el Romanticismo se puso especial énfasis
en la certeza de la muerte, que podía sorprenderte en cualquier momento. En el
Renacimiento, sin embargo, se priorizó
el hecho de que la juventud no es para siempre, y hay que disfrutarla. En la
actualidad creo que se puede traducir por un sentido epicúreo de la vida: haz
ahora lo que te vaya a hacer más feliz a medio y largo plazo… teniendo presente
que la degradación y la muerte te van a llegar inevitablemente: por eso lo que
no debes hacer es quedarte parado viendo la vida pasar.
El problema es que vivir el presente no es fácil, es una
lucha constante, sobre todo porque está plagado de pasado y de futuro. El
pasado suele entristecernos porque estamos programados para idealizarlo, y por
lo tanto para echarlo de menos. Y el futuro es una proyección que, conforme nos
hacemos mayores, nos provoca ansiedad. Por eso, aunque vivamos una situación
feliz en el presente, siempre podemos compararla con lo que tuvimos en el
pasado, y temer que se nos agotará en el futuro.
Entonces, ¿cómo superar el pasado y el futuro, y saber
vivir el presente? La respuesta es sencilla, pero difícil de llevar a cabo:
tomando decisiones ahora, asumiendo que lo que decidimos hoy es fruto de
nuestro pasado, y condicionará en buena medida nuestro futuro. Decisiones que sean
sinceras, que nazcan de nuestro corazón, y después sean calibradas por nuestras
cabezas. No meras ensoñaciones, ni deseos que no dependan de nosotros mismos.
Reflexiones serias acerca de lo que queremos hacer con nuestras vidas, lo
suficientemente poderosas como para impulsarnos a dar los pasos adecuados para
lograrlo. Para vivir el presente en plenitud tenemos que haber aprendido a estar
agradecidos a nuestro pasado, y tener los ojos abiertos a la esperanza del
futuro, que en buena medida radica en lo que hagamos hoy. Y eso depende sobre
todo de nosotros mismos. ¡Carpe diem!






