Mostrando entradas con la etiqueta preocupados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta preocupados. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Los pesarosos y las cenas de Navidad

     Este post se lo debe todo a un artículo en El País, y a una llamada a mi amigo J. J., que justamente se iba de cena de Navidad.
Yo: (pensando en el artículo) ¿Y qué me dices de las personas que tienen que asistir a estas cenas, en las que todos aparentamos ser felices, aunque lo estén pasando mal?
J. J.: ¡Yo me las apaño para sentarme en la esquina opuesta!
     J .J. dice que lo que no soporta es que le miren con envidia, porque él es una persona vitalista a quien además no le va mal en la vida. Pero lo que realmente ocurre es más sencillo: nadie quiere estar cerca de aquellos que tienen problemas. Con su actitud pesarosa y sus caras largas, nos hacen sentir culpables por encontrarnos razonablemente bien. También puede ocurrir que seamos un poco supersticiosos, y pensemos que el gafe se nos puede pegar. Si a pesar de ello te preocupas por hacerles la velada lo más agradable posible, este artículo te ayudará a saber cómo comportarte.
     
Pero me dirijo a ti, que no puedes evitar esa cena aunque maldito el humor que tienes para cumplir. No pretendo minimizar tus problemas, ni voy a conseguir que los olvides, pero al menos sí puedo ayudarte a que disfrutes un poco más la velada.
En primer lugar piensa que no estás solo, hay una legión de españoles en tu situación. Una pérdida, el paro, la depresión… Pues bien, muchos de ellos van a ser capaces de disfrutar, a pesar de todo.
¿Por qué?:
  • Porque han sabido interiorizar que los demás no tienen la culpa de lo que les está ocurriendo.
  • Por lo tanto lo único que pueden hacer es alegrarse con la felicidad ajena.
  • Porque a pesar de lo que les ocurre saben que aún son capaces de hacer muchas cosas valiosas por sí mismos y por los demás.

¿Y cómo?:
  • Concediéndole una tregua de una noche a sus sufridos corazones.
  • Sumando la propia buena disposición a la actitud de los otros.
  • Eligiendo no amargarse ellos mismos, ni amargar a los demás.

Eso no significa liarte la manta a la cabeza y pillar la borrachera del siglo, que además terminaría por entristecerte aún más. Encuentra la fórmula que mejor se adapte a ti. Por ejemplo, puedes plantearte la cena como un juego, disfrutando al comprobar cómo van a apareciendo alrededor de la mesa los roles acostumbrados: el circunspecto, el gracioso, la autoridad moral, el metepatas…, y cómo se van desinhibiendo conforme transcurre la noche.
     En resumen, elige tu propia fórmula para vivir el momento.
Porque ante cualquier circunstancia siempre hay más de una opción, aunque sólo sea el decidir conscientemente cómo vamos a vivirla.