Este post se lo debe
todo a un artículo en El País, y a una llamada a mi amigo J. J., que justamente
se iba de cena de Navidad.
Yo: (pensando en el
artículo) ¿Y qué me dices de las personas
que tienen que asistir a estas cenas, en las que todos aparentamos ser felices,
aunque lo estén pasando mal?
J. J.: ¡Yo me las apaño para sentarme en la esquina
opuesta!
J .J. dice que lo que
no soporta es que le miren con envidia, porque él es una persona vitalista a quien
además no le va mal en la vida. Pero lo que realmente ocurre es más sencillo: nadie
quiere estar cerca de aquellos que tienen problemas. Con su actitud pesarosa y
sus caras largas, nos hacen sentir culpables por encontrarnos razonablemente bien. También
puede ocurrir que seamos un poco supersticiosos, y pensemos que el gafe se nos
puede pegar. Si a pesar de ello te preocupas por hacerles la velada lo más agradable posible, este artículo te ayudará a saber cómo comportarte.
En primer lugar
piensa que no estás solo, hay una legión de españoles en tu situación. Una
pérdida, el paro, la depresión… Pues bien, muchos de ellos van a ser capaces de
disfrutar, a pesar de todo.
¿Por qué?:
- Porque han sabido interiorizar que los demás no tienen la culpa de lo que les está ocurriendo.
- Por lo tanto lo único que pueden hacer es alegrarse con la felicidad ajena.
- Porque a pesar de lo que les ocurre saben que aún son capaces de hacer muchas cosas valiosas por sí mismos y por los demás.
¿Y cómo?:
- Concediéndole una tregua de una noche a sus sufridos corazones.
- Sumando la propia buena disposición a la actitud de los otros.
- Eligiendo no amargarse ellos mismos, ni amargar a los demás.
Eso no significa liarte
la manta a la cabeza y pillar la borrachera del siglo, que además terminaría
por entristecerte aún más. Encuentra la fórmula que mejor se adapte a ti. Por
ejemplo, puedes plantearte la cena como un juego, disfrutando al comprobar cómo
van a apareciendo alrededor de la mesa los roles acostumbrados: el
circunspecto, el gracioso, la autoridad moral, el metepatas…, y cómo se van
desinhibiendo conforme transcurre la noche.
En resumen, elige tu
propia fórmula para vivir el momento.
Porque ante cualquier
circunstancia siempre hay más de una opción, aunque sólo sea el decidir
conscientemente cómo vamos a vivirla.
