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lunes, 15 de diciembre de 2014

Tremendismo

Imagínate que de repente y sin más explicación tu pareja te suelta que te ha sido infiel, y que te abandona. Puede que con sólo imaginarlo ya te sientas mal. Fases:
  1. Estupor inicial. Si vives en una sociedad mediterránea airearás el asunto a voz en grito con todo aquel que esté dispuesto a escucharte, y si eres del norte de Europa lo guardarás en tu maltrecho corazoncito intentando sobreponerte por tus propios medios.
  2. Te preguntas: ¿qué habré hecho? ¿qué hice en el pasado? ¿qué tendría que haber hecho y no hice?
  3. Fantaseas con la posibilidad de la reconciliación, o la reconquista.
  4. Y puedes terminar interiorizando cualquiera de estas dos creencias:
--que no eres capaz de vivir sin esa persona (feo feo).

--que no volverás a encontrar a nadie con quien realmente merezca la pena compartir tu vida (¡y eso te resulta insoportable!).
En cualquier caso te sientes muy mal, y crees que no es para menos. Estableces una relación directa entre lo que te ocurre y cómo te sientes. En una línea del malestar, calificarías la situación de “terrible”. 
Sufres de tremendismo, porque aún no te has dado cuenta de que, aún más importante que lo que te ocurre, es lo que tú mismo te dices acerca de lo que te ocurre. Es como ese conocido pesado que todos tenemos, quien es capaz de seguir robándonos la calma tras habernos librado de él, porque seguimos dándole vueltas a cómo nos ha hecho sentir. Sencillamente  estamos concediéndole un poder que no le corresponde.
En demasiadas ocasiones no caemos en la cuenta de que entre un acontecimiento y cómo nos hace sentir debe existir la mediación de nuestro raciocinio, mitigando su impacto. Rizando el rizo, si buscases la iluminación budista, también deberías aplicarlo a las situaciones felices: “Si estás triste, tranquilo que pasará. Si estás feliz, tranquilo que pasará”. Personalmente no aspiro a tanto, porque creo que las cosas no esenciales también nos pueden aportar mucha felicidad.

Lo que quisiera sugerirte es que la próxima vez que sufras de tremendismo, a veces por cuestiones que tú mismo reconoces que son nimias, te preguntes en qué estás disconforme con tu vida, qué te lleva a pensar de esta forma exagerada. Sin duda identificarlo es el primer paso para resolverlo, y en el camino aprendemos todos a pensar de una forma mucho más sana, que nos ayuda a vivir mejor.